Exposición Temporal

Espacio didáctico: Schönberg y Kandinsky

Vasilly Kandinsky conoció a Arnold Schönberg en 1911. El artista, junto con Alekséi von Jawlensky, Marianne von Werefkin y Gabriele Münter, asistió a un concierto de Schönberg en Múnich, donde escucharon dos cuartetos de cuerda y tres piezas para piano del compositor.

Kandinsky, impresionado por la estructura atonal y alógica de la música del compositor austriaco, le mandó una carta y una carpeta con grabados. A partir de entonces se hicieron amigos. Kandinski plasmó los sentimientos que experimentó en el concierto de Schönberg en el cuadro Impresión III (Concierto).

Schönberg, que resultó ser también pintor, se convirtió en una figura primordial para Kandinsky, y viceversa. Por iniciativa del artista ruso, en el catálogo de la exposición «Salón» –que Vladímir Izdebski organizó en 1911 en varias ciudades de Rusia– se publicó por primera vez el artículo «Paralelas en octavas y quintas» de Schönberg.

En la misma exposición se mostraron varios cuadros del músico austriaco. En diciembre del año siguiente Kandinsky invitó a Schönberg a San Petersburgo para participar en la velada «Conciertos Ziloti», donde se interpretó el poema sinfónico Peleas y Melisande, dirigido por el autor.

Entusiasmado con la pintura de Schönberg, Kandinsky escribió un artículo monográfico sobre los cuadros del compositor. De sus lienzos destaca la presencia del principal elemento del arte: «el reflejo de las observaciones y de las experiencias que causan los sentimientos».

Kandinsky, que desde niño amaba la música y la estudió a conciencia, encontró en la obra musical de Schönberg la confirmación de que había escogido el camino correcto en la pintura. «El color es la tecla; el ojo, el macillo; y el alma, el piano con sus numerosas cuerdas», escribió Kandinsky en Stupeni (Mirada retrospectiva).

La música y el arte pictórico de Schönberg le confirmaron que «la pintura es capaz de manifestar la misma fuerza que la música». Las disonancias características de las obras musicales de Schönberg estaban próximas al Kandinsky pintor. Además, la sencillez, la espontaneidad y el recogimiento del Schönberg pintor a la hora de reproducir sus sentimientos y sensaciones constituyen también uno de los rasgos principales de la obra de Kandinsky.

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